Mostrando entradas con la etiqueta tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tiempo. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de junio de 2011

Fin de etapa.

 Era verano, hacía un calor sofocante y llevaba dos semanas viviendo entre cajas en el piso de mi entonces pareja. El trabajo era un infierno y parecía que toda mi vida se hundía, así que este chico (amable él) se ofreció a buscar piso por mí una vez se dio cuenta de que nunca me convencería de una convivencia contínua (libreeeee como el sol cuando amaneceeee). Una mierda despensa con baño y un bajo con yonkis extraños vecinos pusieron a prueba mis ganas de hacerme el hara-kiri inmobiliario, pero entonces llegó mi casa, la bienbautizada casita de Amélie.


Así fue cómo me enamoré de esta casa: Yo llegaba con un gato, un novio músico, odiando mi trabajo y un IMC de 16; Ella se asentaba sobre parquet, estaba repleta de balcones y había visto más de medio siglo de este planeta y sus habitantes.

Vino un gatita más a la familia, el cabello volvió a ser largo, se fue el músico, dejé ese empleo, reconduje mi vida académica, dejé de fumar, me empecé a arreglar las uñas, me bebí con vosotras cientos de botellas de Berberana, me compré una bici, engordé, me aficioné a la música en catalán y aprendí que los mejores romances son con amigos.

Después de nueve cajas, dos bolsas industriales e incontables maletas, he tenido más que suficiente. Ya estoy preparada para dejar los "  ahí su torso desnudo"   y rellenar esos huecos con nuevas fotografías, pero esta vez en la mejor de las compañías.

domingo, 19 de junio de 2011

Rock on Babe!!

Nacemos y crecemos. Aprendemos qué está bien y qué está mal, a veces elegimos el camino correcto y otras no tanto. Nos hundimos, peleamos y volvemos a la superficie cuantas veces haga falta. Pero ¿Realmente maduramos o sólo se nos pudre el cuerpo? ¿Nos ajustamos a nuestras nuevas circunstancias a lo largo del ciclo vital o evolucionamos? ¿Tenemos el síndrome de Peter Pan a raya?


Cuando somos niños no tenemos miedo, actuamos en correspondencia a sensaciones y sentimientos sin importarnos más allá de los castigos de nuestros padres. Según avanzamos nos enseñan a disimular, a esconder y a crear estratagemas, hasta llegar a la adolescencia. Entonces, desacreditamos a nuestros mayores y sus lecciones de supervivencia, y nos enamoramos. Ese primer amor del que tanto habla todo el mundo, tal vez puede que no se olvide porque somos puros, porque no nos importa decir que sufrimos, porque nos da igual asumir que somos humanos.
Pero una vez superado este, retomamos el camino del orgullo, la vanidad y el ego, empujándonos con los años a perder frescura con engaños, mentiras, golpes de cadera y maquillaje, a seguir las líneas prestablecidas (noviazgo-perro-matrimonio-hijos) exarcebando la estrechez de nuestras mentes.

Ese je ne sais quoi que nos convertía en especies únicas, por suerte o desgracia, se va diluyendo en el tiempo, convirtiéndonos en autómatas moldeados. Pero no nos engañemos: seguiremos amando, seguiremos jodidos a ratos, seguiremos mirando hacia atrás, y nos seguiremos equivocando.
Somos todos adolescentes mayores  adultescentes. Sin excepción.



miércoles, 15 de junio de 2011

El tiempo pasó


Hay momentos en los que la vida exige un cambio. Una transición. Como las estaciones. La primavera fue maravillosa, pero el verano ya acabó. Desperdiciamos el otoño y ahora de repente, hace frío. Tanto que todo se congela. Nuestro amor se duerme y la nieve lo coge por sorpresa. Pero si te quedas dormido en la nieve, no sientes llegar la muerte.

Fuiste aceptada. Te mudaste de Boston a Paris. En la calle Faubourg Saint.
Te mostré mi vecindario, mis bares, mi escuela. Te presenté a mis amigos, a mis padres.
Escuché tus líneas, tu canto, tus esperanzas, tus deseos, tu música y tú escuchaste la mía. Mi italiano, alemán, mis pinitos en ruso. Te dí un walkman y tú me diste una almohada. Luego, un día, me besaste.
El tiempo pasó deprisa. Todo parecía ser tan fácil, tan simple, libre, tan nuevo y único.
Fuimos al cine, a bailar, de compras. Reímos, tú lloraste. Nadamos, fumamos, nos afeitamos.
De vez en cuando, gritaste, sin razón o con razón. Algunas veces por una razón.
Te llevé al Conservatorio. Yo estudié para mis exámenes.
Escuché tu canto, tus esperanzas, tus deseos, tu música. Tú escuchaste la mía.
Estábamos unidos, muy unidos, siempre unidos.
Fuimos al cine, nadamos, nos reímos. Tú gritaste. Algunas veces con razón, otras sin razón.
El tiempo pasó deprisa.
Te llevé al Conservatorio. Yo estudié para mis exámenes. Tú escuchaste mi italiano, alemán, ruso, francés.
Yo estudié para mis exámenes. Tu gritaste, algunas veces con razón. El tiempo pasó, sin razón.
Yo estudié para mis exámenes, mis exámenes, mis exámenes. El tiempo pasó.
Tú gritaste, tú gritaste.
Yo fuí al cine.

EL TIEMPO A VECES PASA TAN DEPRISA QUE NO SABEMOS APROVECHAR LO QUE TENEMOS POR PURO EGOISMO.........