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jueves, 13 de enero de 2011

Intensidad y nostalgia.


A veces, la nostalgia por una persona se hace tan intensa que es insoportable.
























Invade el café de las mañanas, las cuentas matemáticas interminables, cada gota de la ducha hirviendo de estas fechas, todas las notas de una canción aleatoria, las servilletas desechables del almuerzo, las conversaciones de la película que ves y hasta el último cigarrillo de la noche.

Todo se vuelve poéticamente insoportable. No estás triste, sino taciturno; no estás como siempre, sino ataráxico; no estás bien, sino eufórico (lástima que esta última parte se suela dar poco); y esa intensidad termina agotando mental y físicamente. Nadie muere de amor en estos tiempos, es evidente, pero sí que nos ponemos enfermos de amor.

Releemos mensajes y e-mails, como antiguamente se releían las cartas; miramos todas las esquinas de las fotografías buscando respuestas y futuros inciertos, deseando que se conviertan en algo tangible; revivimos las escenas vividas una y otra vez repasando cada detalle y recreando futuras películas soñadas. La comida no sabe igual, el agua no calma la sed, y la ciudad se vuelve una bestia indomable donde sólo te sientes seguro en tu cueva llamado apartamento.

Y otras veces, simplemente te encierras unos días en casa, escuchas tu música favorita, lees el libro que te dejaste a medias y entretienes la mente con paseos interiores que te permitan entender mejor cómo llegaste al punto de haber perdido toda identidad personal, para así volver a recuperarla y seguir con tu vida habitual.

lunes, 3 de enero de 2011

A joderse.


2/1/2011

Nuevo año, misma mierda y misma vida. Tengo un agujero en el estómago que me, digamos, oxida desde los pies a la cabeza, es un nudo como de nervios pero sin nervios, es más bien esto, sí: me siento GI-LI-PO-LLAS. Y es que porque el 2010 pase a tener un 1 en lugar de un 0 lo cual si unes es un 10 (razonamiento no relevante pero no por ello menos importante), no cambia nada. Y yo hoy he hecho todo lo que quería pero da igual. Maldita sea, empiezo a acordarme de él en la cama, cuando como, pero aún no cuando meo, así que todo no está perdido.

Entonces cuando estoy en mis cinco minutos de descanso mental, que los tengo, porque me salgo a que me dé el aire cinco minutos y a dejar la mente en blanco, peeeeeeeeero la lleno de mierda y siempre igual….hombres, hombres y hombres. Entonces, me pregunto: ¿lo echo de menos?, o, ¿echo de menos tener a alguien y hacer aquello que hacíamos?, pues mira, no lo sé ni lo voy a saber, pero como quiero seguir con mi vida, pues no hay nada que hacer, meterme las palabras en el culo/boca y seguir, y seguir, y seguir.

Pero aún así, sabiendo que es lo que hay y blablabla, me duele algo dentro, o son nervios o miedo, ¿esto qué es?, yo nazco, y decido que quiero y que no, entonces, ¿por qué me jode tanto?, y ¿cuál es la medicina? Y no es un psicólogo, no, no lo es, yo sé que no, la medicina es otro hombre, otro hombre, cómo se explica esto, a ver: un hombre te cura de otro hombre, pero si el hombre es el problema, ¿cómo el problema es la solución?, si al final es un problema también. Yo esto lo veo así, en el Colegio, ni religión ni pollas, una asignatura que se llame: Como superar las crisis existenciales que (cómo gilipollas mujer sensible que se cree dura) vas a tener por culpa de (esos gilipollas que no valen un duro pero por los que te mueres) las relaciones amorosas, sentimentales, existenciales y de apareamiento.

Y es que, nos enseñan muchas cosas, y nos dicen que se aprende de los errores, pero no señores. NO. Esto es así, siéntate donde te salga del mismísimo o mismísima y piensa cuál es tu filosofía y como debes o no actuar porque sino al final estas JODIDO.

Así que con esto y un bizcocho (no nos vemos mañana a las ocho pero) a JODERSE.