Mostrando entradas con la etiqueta víctima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta víctima. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de febrero de 2011

ON-OFF



Cuando todo se acaba, se queda una sensación de horrible vacío, como si alguien le hubiera dando a OFF en una noche cerrada y fueras a tientas por la vida.

Y te preguntas...

¿Y esto es todo?
¿Cuál fue el error?
¿Habré querido demasiado?
¿Fue todo cierto?
¿No estaré hech@ para tener pareja?
¿Y si me estoy equivocando?
¿Cuándo dejará de doler?



La felicidad no es un estado de ánimo, es una actitud ante la vida; así que trabajas, trabajas y trabajas para estar cada día mejor hasta que, inconscientemente, das con el interruptor de nuevo y, de repente, te dejas de castigar con esas cuestiones y ves la luz, progresiva e intensa, creciente y estable.

Esa luz nunca se vuelve a apagar;al menos, hasta la próxima vez.

domingo, 23 de enero de 2011

Dos.


Te levantas en una cama con dos almohadas. Una habitación, dos mesitas de noche, dos lamparitas.
La tostadora es para dos rebanadas y la cafetera no hace café para uno. Las tazas las venden en unidades pares (6, 12, 24...). Y la vajilla. Y la cubertería.
Te sientas a desayunar, la mesa de comedor no tiene UNA silla.
Coges el paquete de Marlboro y vienen 20 unidades (20, divisible entre dos).
Te duchas: dos botes, dos toallas, bastoncillos de algodón con dos lados.
En el armario, cajoneras pares, calcetines que se venden sólo en packs de dos.
En el autobús, asientos de a dos (uno al lado de otro o frente a frente) y los auriculares, dos.
Las raciones de comida preparada son para dos.
Te sientas a almorzar, convoys de sal... y pimienta.


Dos ojos, dos oídos, dos manos, dos pulmones, dos piernas, dos riñones, dos pies, dos pechos, dos gónadas, veinte dedos (20 /2=10/2, otra vez).
Un corazón. Un cerebro. Una boca. Una nariz. Un estómago.

Sin escapatoria, somos víctimas y verdugos. Estamos diseñados para la supervivencia en unidad y la vida en pareja.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Breaking up. New building.





Una ruptura. Un nuevo edificio.

Aparte de la mía a principios de año, últimamente se están sucediendo muchas rupturas a mi alrededor, supongo que es un ciclo habitual que se ve contagiado por los demás. A veces se rompe una gran pareja por algo ínfimo y pasajero que en su momento parece un mundo, otras por un hecho tan evidente que es imposible pasarla de largo, y otras porque simplemente ambos conyuges toman caminos distintos; pero nunca hay que encuadrarlas sistemáticamente y meterlas en una cajita con etiqueta.
Todo el mundo suele tener opiniones con respecto al tema y todas suelen ser muy poco esperanzadoras, pero no hay que olvidar que no somos máquinas y que, tanto al principio como al final, albergamos la pequeña esperanza de que esa persona que ya no está se convierta en todo lo que queríamos que fuese para nosotros.

Pero tengo dudas, muchas, por lo que veo a mi alrededor, todo es confuso. Las etapas de luto pos-ruptura son completamente necesarias para crecer, y se evoluciona más que cuando todo es un cuento de hadas. Reflexionas sobre ti mismo, adquieres nuevos hábitos, descubres todas las medias verdades, las amistades que te rodean, o a lo mejor es que yo soy demasiado mística cuando estoy bien jodida, pero te das cuenta hasta de toda la vida que te rodea. Entonces, ¿cuándo es demasiado? ¿cuándo es el tiempo de dejar de sufrir por lo que nunca pasará? ¿existe el método perfecto? ¿cuándo hay que dejar de intentarlo?

No vivimos en una película de Hollywood, todo no pasará y volverá renovado para hacernos felices, pero tenemos la horrible costumbre desde la adolescencia de buscar a la persona perfecta para que nos acompañe el resto de nuestra vida, para formar una familia, para sentarnos en un banco del parque y envejecer juntos; ¿no sería más sano simplemente vivir?

A día de hoy puedo decir convencida que todo ha pasado, y que mi nuevo edificio está repleto de luz. Porque no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante.

martes, 9 de noviembre de 2010

La apuesta.


He hecho una apuesta. Es cierto, puede parecer un comportamiento infantil y sin sentido, pero es que LO ES.

Uno de mis mejores amigos (D., a lo "Aquí hay tomate"-remember-), me retó a algo que, para mi sorpresa, resulta que casi nadie me ve capaz de cumplir:

Un mes sin sexo.

Cualquiera que me conozca de verdad debería saber que yo, por ganar una apuesta hago lo que sea. Esta vez hice el más difícil todavía. Yo no iba a tener sexo, pero ÉL TAMPOCO. Mismas condiciones. Mismo sufrimiento.

¿Cuál es la peor parte?

Llevo dos años observando a la misma víctima. Disfruto con la temporada de cacería, pero siempre desde las sombras y sin que se den cuenta. De repente, ayer, me dirigió la palabra.



MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA

8 días SF.