jueves, 15 de diciembre de 2011
Siglo XXI, resumen.
No me he pasado toda la vida cultivando mi intelecto, afinando mis habilidades sociales, dotando de cierto punto cómico a mi personalidad, mejorando mis modales, entrenando día tras día mis escasos (o no) talentos y, en definitiva, creando una persona más que válida de pies a cabeza, como para que ahora un tipo se crea en el derecho de poder hablarme como si fuera un *oño pegado a un cuerpo.
Lo siento, pero no. Paso del siglo XXI.
viernes, 20 de mayo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
Cold hard bitch

Culpar a todo un género de la incapacidad propia para mantener una relación adulta es estúpido, a la par que una muestra eficaz de inmadurez. Pero no nos culpéis a nosotras tampoco: somos el producto de décadas de enseñanza sobre la importancia de la independencia femenina, la autonomía personal y la individualidad como única salida para la mujer "inteligente". Casarse o tener pareja no sólo está "OUT" (como diría una amiga mía), sino que se considera un retraso social propio del conservadurismo que deja a la mujer bajo el yugo masculino como parte de su propiedad.
Pero ¿Cómo pretenden que no caigamos en semejante trampa? ¿Cómo se escapa de la condena social del género completo cuando todo lo que se ve alrededor (o al menos la mayoría) es desesperantemente patético? El mercado de la carne está fatal, estamos de acuerdo, pero ¿era necesario llegar a este punto de bazofia tóxica? Y como todo no puede ser culpa de los demás me pregunto, ¿tengo un imán? Las formas, la educación, el respeto como ser humano, los tratos en pareja, y la comunicación ha pasado a un segundo plano... O está tan difuso que parece que va a desaparecer de un momento a otro.
Así que perdónenme cuando digo que este no es mi mundo, si tonteo con la idea de que prefiero morirme sola que con un mamerto a mi lado, si afirmo que tengo el suficiente amor propio como para saber dónde está el límite de lo necesario y lo patético, si exclamo en voz alta que todo el afecto que necesito me lo dan mis gatos y mis amistades y si se me llena la boca al soltar que la mayoría de las parejas me hacen sentirme optimista ante la vida (como diría un conocido "es como cuando ves un tsunami que arrasa en un país lejano y piensas automáticamente en lo afortunado que eres"); pero no se extrañen de que cada día haya más frialdad por parte de las mujeres.
Catalóguenme como pedante. Tíldenme de gilipollas. Llámenme feminazi.
O mejor aún, no me llamen. Nunca. Jamás
(o al menos hasta que vuelva a creer en la buena voluntad de las personas)
P.S. A mis amigos varones... Os quiero, aunque la tengáis colgando.
jueves, 24 de febrero de 2011
Quiero-quiero-quiero...

Queremos que entren por la puerta y se nos echen a los brazos como si no hubiera mañana.
Queremos sexo del que hace temblar las vísceras y creer que vamos a morir en ese instante.
Queremos tener conversaciones sólo con la vista y miradas con los labios.
Queremos que nos soporten aunque nuestra cabeza sea una jaula de grillos.
Queremos sonrisas matinales y que nos acaricien el pelo cuando nos piensan dormidos.
Queremos que se pare el tiempo para que nunca nos volvamos ruines.
Queremos viajar mentalmente, emborracharnos en la orilla de la playa y reírnos a carcajadas.
Queremos que la magia eclipse la falta de depilación y los pantalones de pijama.
Queremos ser los últimos en su historial amoroso y los primeros en su vida.
Queremos discutir para así tener una excusa para odiar al otro.
Queremos ser incapaces de vivir sin el otro en cuestión.
Queremos un detalle diario que le de sentido a nuestras vidas.
Queremos ser diferentes de verdad a todos los demás, no sólo sentirlo.
Al fin y al cabo, todos queremos lo mismo:
pero que no nos mate (ni de una subida de azúcar).
miércoles, 9 de febrero de 2011
La clásica cita perfecta.
Antecedentes:
Él, un chico educado y discreto, un auténtico conquistador que piensa que está de caza.
Tú quieres buen sexo, y si puede ser con un tío guapo, sin venéreas y que la tenga grande, mejor que mejor.
Primera parte:
Quedar para que pase a recogerte a las 21.00 y que él aparezca a las 21.00 (ni antes ni después), justo cuando estás lista y pintándote los labios. Indumentaria discreta y elegante, zapatos bonitos y cómodos -nada de caminar como un velociraptor- y los pies perfectos.
Llegar a un restaurante bonito, pero no pretencioso; de buena calidad, pero no de estrella michelín; y de cantidades generosas, nada de pijerías para quedarte con hambre.
Una conversación agradable, divertida, que te suba la autoestima sin caer en el halago barato; unos aperitivos exóticos sin sabores demasiado fuertes, un pescado delicioso y ligero con una menestra sabrosa, y un postre fresquito con frutos rojos; una invitación significa que NO TIENES QUE PAGAR TÚ.
Segunda parte:
Un pequeño paseo y una copa en un pub clásico irlandés, se inicia una conversación un poco más personal que deriva en un coqueteo menos pudoroso (más tarde podrás culpar de esto al alcohol) que se extienda lo suficiente como para poner el hipotálamo a trabajar pero no tanto como para que os bebáis medio bar. De repente, se te hace tarde, te acompaña a casa, y por el camino repasas el estado de tu casa: ¿ropa interior sucia? ¿suelo con churretones? ¿toallas por el suelo? ¿sábanas limpias? ¡CONDONES!
Tercera parte:
Llegais a la puerta de casa, preferiblemente la tuya y le ofreces una invitación aparentemente inocente dentro. Al cruzar la puerta, caidita de ojos y sonrisa estúpida precedidas de un "ponte cómodo". A partir de ahí, libre albedrío: el trabajo ya está hecho en 3... 2... 1...
¡BOOM!
Día siguiente:
Despiertas sin alarma y el sol luce. Te miras al espejo y estás radiante, aunque muy despeinada. Vigilas no tener marcas causadas por la pasión y te pegas lo conocido como "un duchazo policía". Cuando vas a la cocina te encuentras café hecho y una nota agradable que da las gracias.
Te tomas el café, te vistes y quedas con tus amigas, para comentar la felicidad del escozor íntimo, la puesta a cero del contador y lo cerdo de la cuestión.
Aaay... cómo lo echo de menos...
sábado, 29 de enero de 2011
La maternidad.
A día de hoy anteponemos nuestra vida individual, profesional y social, a la vida familiar de una manera abrumadora. Cuando nos queremos dar cuenta hemos alcanzado todas las metas que nos habíamos propuesto (la carrera, el master, varios idiomas, la independencia completa...) y una señora conocida nos dice "Como sigas así se te va a pasar el arroz"; y es en ese justo instante cuando nos damos cuenta de lo solas que nos sentimos.
Misunderstood.
Por desgracia, socialmente seguimos en la prehistoria en muchos aspectos, y éste no podía ser la excepción. Aún no se toma la decisión de no tener descencia como una posibilidad, sino más bien se demoniza esa opción como una acción exclusiva por parte de personas insensibles, egoístas o con escasa madurez; y yo me pregunto, ¿es que acaso no querer traer más niños al mundo no es un acto de amor hacia estos? ¿qué grosor tiene la venda que llevan para no ver que hay personas que no deberían ser padres jamás? Por supuesto, a esto todo el mundo contesta como si se tratara de una consulta a Rappel, llenándoseles la boca cuando dicen "ya verás que con la edad cambias de parecer". Jode, deprime y la sensación de incomprensión se ve potenciada al máximo exponente: no sólo eres el anticristo, sino que además ni siquiera sabes de lo que hablas.
¿Adoptar? ¡QUÉ BARBARIDAD!
Si ya eres rara cuando dices que no quieres ser madre, ya ni os cuento cuando se trata de adopción. Inconscientemente, relacionamos adopción como la segunda opción a la maternidad biológica, ligado a esterilidad y fallos en métodos de concepción artificiales. Sin embargo a mis ojos es la mayor prueba de amor que se puede tener a la infancia.
No se trata de elegir a un niño porque tiene unos ojos bonitos, ni de que sea el "adecuado" para alguien; sino de preguntarnos si somos nosotros los apropiados para cubrir sus necesidades tanto físicas como emocionales, que no han sido satisfechas hasta ahora por X circunstancias.
¿Cuál es tu posición, Nantes?
No se es menos padre por no haberlo concebido, ni tienes el gen asesino por no querer perpetuar la especie.
Siempre dije que no quería tener hijos, pero es cierto que soy madre desde hace muchos años. Cuido de mis amigos, de mi pareja, de mi familia de la misma manera que lo hacen los padres: les mimo cuando están enfermos, me preocupo cuando tienen problemas e intento solucionárselos cuanto antes, les acompaño en sus fracasos de la misma manera que lo hago en sus triunfos y, en general, estoy a su lado con constancia, ánimo y amor incondicional.
¿Mi futuro? Si definitivamente desecho la idea de no ser madre, me gustaría cumplir la imagen que tengo de mi misma desde mi más tierna infancia, que se ve resumida en esta conversación:
- Es una lástima que no puedas tener niños de verdad.
- Señor/a, nunca dije que no pudiera, y los haya dado a luz o no, los míos son tan verdad como los suyos.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Plan de vida.
Sacarme la carrera. Irme a la mierda en globo. Vivir en la mierda y vender el globo. Echarme novio fuera que me regale un perro. Casarme. Ir de voluntaria a Rwanda. Comprarme una casa en la playa. Tener un hijo. Divorciarme. Quedarme la casa en la playa, el niño, el perro y la pensión alimenticia. Trabajo en asuntos sociales de 9 a 3, de L-V, 45 días de vacaciones al año. Disfrutar de la vida y mi hijo gracias a ese trabajo. Poner un invernadero en la parte de atrás de la casa. Casar a mis amigas una detrás de la otra.Viajar a Nueva Zelanda y Kerala. Acompañarlas a firmar el divorcio, una detrás de la otra. Emborracharnos mil y una veces, mientras mi exmarido está con el niño y el perro. Autorrealizarme como persona a través de mi hijo y mi trabajo. Casarme con un segundo. Aburrirme, serle infiel y culparle. Bucear en Cabo Esperanza. Divorciarme de un segundo. Obtener gracias al divorcio la mitad de los beneficios anuales durante el tiempo de duración del matrimonio. Coger una excedencia para montar un centro para buceadores. Aprender a hablar alemán a la perfección. Re-enamorarme de mi primer marido. Dar la vuelta al mundo en velero. Odiarnos a ratos, reprocharnos casi nunca, amarnos para siempre. Firmar unas capitulaciones matrimoniales. Cederle la mitad de la casa en la playa. Re-casarnos. Dejar el trabajo para dedicarme plenamente al fondo marino y el voluntariado. Mandar al niño (ya crecidito) a la mierda en globo para que conozca sus raíces. Disfrutar de nosotros como si no hubiera un mañana. Ser abuela de una niña china por mi hijo y su novio. Quedarme viuda y haber "conocido varón para toda la vida". Alquilar el club de buceo y vivir de la renta. Ser una madurita de pelo largo liso y blanco, vaquero, camisa de rayas, sandalias de Sybilla, cesta y labios rojos. Morir con un té con whisky en la mano y un cigarrillo en la otra, leyendo en el porche de la famosa casa de la playa algo de Whitman.
Y no necesariamente en este orden.
Pero no se lo digas a nadie... Ssshhhhh...
jueves, 11 de noviembre de 2010
Juguemos...

... a las palabras encadenadas. Yo digo una palabra y tú dices lo primero que se te ocurra.
Libertad. Sexo. Mimos de reina. Sexo. Conversaciones interesantes. Sexo. Parejas inteligentes. Sexo. Coche. Sexo. Aventuras los fines de semana. Sexo. Una casa bonita. Sexo. Un trabajo gratificante. Sexo. Halagos. Sexo. Independencia. Sexo. Masajes en los pies. Sexo. Copas en la playa. Sexo. Vacaciones. Sexo. Cena recién hecha al llegar a casa. Sexo. Películas divertidas. Sexo. Confianza. Sexo. Un pelo precioso. Sexo. Piernas firmes. Sexo. Dulces que no engorden. Sexo. Comprensión. Sexo. Almuerzos con los/as amigos/as. Sexo. Armarios inmensos. Sexo. Pasión en la bañera. Sexo. Reír hasta que los carrillos duelan. Sexo. Flores cada día. Sexo. Atención. Sexo. Música delicada. Sexo. Diversión. Sexo. Discusiones lógicas. Sexo. Reconciliaciones majestuosas. Sexo. Albumes de fotos. Sexo. Fiestas. Sexo. Viajes. Sexo. Impulsividad. Sexo. Albornoz calentito. Sexo. Dormir. Sexo.
Esto es, señores, lo que quiere una mujer.
Uy, qué mal llevo lo de la apuesta... 11 días SF