No me he pasado toda la vida cultivando mi intelecto, afinando mis habilidades sociales, dotando de cierto punto cómico a mi personalidad, mejorando mis modales, entrenando día tras día mis escasos (o no) talentos y, en definitiva, creando una persona más que válida de pies a cabeza, como para que ahora un tipo se crea en el derecho de poder hablarme como si fuera un *oño pegado a un cuerpo.
Lo siento, pero no. Paso del siglo XXI.
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¡Escúpelo!