Cuando todo se acaba, se queda una sensación de horrible vacío, como si alguien le hubiera dando a OFF en una noche cerrada y fueras a tientas por la vida.
Y te preguntas...
¿Y esto es todo?
¿Cuál fue el error?
¿Habré querido demasiado?
¿Fue todo cierto?
¿No estaré hech@ para tener pareja?
¿Y si me estoy equivocando?
¿Cuándo dejará de doler?
La felicidad no es un estado de ánimo, es una actitud ante la vida; así que trabajas, trabajas y trabajas para estar cada día mejor hasta que, inconscientemente, das con el interruptor de nuevo y, de repente, te dejas de castigar con esas cuestiones y ves la luz, progresiva e intensa, creciente y estable.
Esa luz nunca se vuelve a apagar;al menos, hasta la próxima vez.
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