domingo, 11 de marzo de 2012

Knock - knock

¿Hay alguien ahí?

Entro en el blog, y me choca ver tanta ausencia y vacío. Me consta que todas tenemos tanto trabajo, responsabilidades y estamos tan centradas que apenas tenemos tiempo para seguirnos la pista. Ellas habrán madurado, a mí me da terror ser la pera olvidada del frutero (y ellas tan divinas como siempre).

En otro orden de cosas, hoy estuve hablando con mi amigo A.R. sobre planes de futuro: que si la carrera, que si la pareja, que si cambiar de ciudad... Eso de tener hijos es un tema aparte, sobre todo cuando él me señala con el dedo y saca a relucir la escasez de romanticismo que hay en mí . No es mentira. Estoy convencida de que hemos pasado de tener hijos por amor (o al menos a través de éste) a tenerlos como nuestro mayor proyecto o experimento en la vida, pero proyecto nuestro de mayestático, no de la participación de varios. Parece un futuro descorazonador, pero es esencial que abramos la mente y, de paso, los ojos.



Cualquiera de nosotros conocemos a alguna de esas parejas que se ven atrapadas en una relación por un hijo, sabemos de primeras o de segundas las diferencias que tienen entre ellos, y la frustración que sienten como adultos -que no como padres-.

La clásica historia comienza con un test de embarazo positivo unas semanas más tarde de una noche tórrida. Los dos están muertos de miedo. Los dos están enamorados. Los dos creen que ya es hora. Los dos le echan huevos. Los próximos meses son una maravilla, todo es ilusión y alucinar un poco con la báscula. Todo lo que iba tan bien, después de cuarenta semanas parece que se va al carajo: ella se queja de dolores post-parto, él resopla porque los llantos del niño no le dejan dormir, ella pierde los nervios porque él se hace el sordo, él dice que le ayudaría si no estuviera tan cansado, ella le rechaza porque -como él no ejerce de progenitor- está agotada, él empieza a sentirse culpable por tener celos de su hijo, ella ya no tiene tiempo ni de darse cuenta... Asistes indolente al espectáculo y ves cómo se alejan. Todo lo que ayer parecía tan buena idea, ahora son conscientes de que no sólo no lo era, sino que no pueden ni quieren deshacerlo.

Unos se resignan a aceptarlo como parte del ciclo y se atrapan en el bucle de insatisfacción. Otros deciden tomar las riendas del problema e intentar solucionarlo. Y los que más, terminan por perder la paciencia, la racionalidad y la educación (combinados o individualmente) para, con el tiempo, volver a ser felices.

Con esta conversación, terminé llenando una caja con los rasgos específicos que debería tener el futuro padre perfecto: genéticamente adecuado, comprensivo, sensible, empático, respetuoso, independiente, optimista, trabajador, de carácter colaborativo, activo, de ideas liberales y amante de la cultura. Y es que, si ya cuesta mantener el interés por una persona de manera romántica sin una fluctuación de conflictos, cuando éstos existen y transforman el significado del nosotros, se convierte en una batalla perdida que sólo el tiempo se encargará de guillotinar. ¿No es ésta una razón de peso como para decidir tener hijos de manera individual -sean o no carne de nuestra carne-? ¿Es egoísta o es cuestión de salud mental? ¿El mundo está cambiando tan rápido que no nos damos ni el beneficio de la reflexión?

Quieres ser una buena pareja y una buena madre, y quieres un buen padre y una buena pareja (o viceversa) Deberían ser parámetros innegociables, nos los merecemos como personas y -gracias tanto a la ciencia como a los sistemas de adopción- ya no dependemos de otra cosa que no sea la propia voluntad (aunque otros la llamen "violencia estructural").Y si no hay una buena melodía, no pasa nada, sabemos que la letra del himno sobrevivirá a la canción.



Nota: También aprovecho para informar de que próximamente se podrán leer algunos artículos de servidora en una Señora revista de cultura de tirada nacional. Pero no es virtuosismo, es una sorpresa.

miércoles, 11 de enero de 2012

El bucle.

Tú te vas.
Yo te reclamo.
No vienes.
Yo me voy.
Tú me reclamas.
No voy.

[Bucle eterno]










Sólo estás dentro del problema porque eres quién lo enciende.
Tira las cerillas y a otra cosa, que ya aburre.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Split-ville



Hacía un tiempo que no sabía nada de él. Tal vez hacía el tiempo suficiente como para sorprenderme con su existencia.
Un vulgar martes de invierno -con sus ráfagas, sus fríos, su oscuridad y la escasez de manta desde bien temprano- me saltó la tristeza como aceite hirviendo a la cara cuando, volviendo del trabajo, levanté la mirada y me tropecé con su risa, su felicidad, y su nueva pareja.

Prometo que una mano invisible me atravesó el pecho y me arrancó el alma como si despegara una tirita de un golpe seco.


Durante el tiempo que llevábamos separados, supe que le iba bastante bien en el trabajo y que ya no tocaba en el grupo que tanto me gustaba, entre otras cosas que no formaban parte de él.

[Ya no bebía Jack Daniels entresemana.Ya no rompía platos cuando se enfadaba.Ya no se reflejaban los faros de los coches en mi cuerpo cuando me hacía el amor. Ya no fumaba.Ya no me seguía por la ciudad en silencio.]

Ahora era un hombre recto... y comprometido. Aunque yo fuera quien rompiera el bucle y, con ello, destruyera toda emoción, una ráfaga de frío -esta vez por dentro- me congela los latidos, mientras ellos se acercan a cámara lenta transpirando amor y felicidad.

[Él era feliz junto a alguien, y para mí más de tres noches era una pesadilla. Él tenía una vida ordenada, yo pestañeaba demasiado "come and take a walk on the wild side". Él salía triunfador en todas las fotos, yo no había abandonado las viejas costumbres. Él se había alzado con todos sus sueños, yo seguía esquivando problemas. Él se había convertido en un buen hombre, y yo... en fin.]

Es entonces cuando me doy cuenta de que, a pesar del nulo amor que se pueda sentir, uno se puede instalar para siempre en Villanueva de la Ruptura.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Siglo XXI, resumen.



No me he pasado toda la vida cultivando mi intelecto, afinando mis habilidades sociales, dotando de cierto punto cómico a mi personalidad, mejorando mis modales, entrenando día tras día mis escasos (o no) talentos y, en definitiva, creando una persona más que válida de pies a cabeza, como para que ahora un tipo se crea en el derecho de poder hablarme como si fuera un *oño pegado a un cuerpo.

Lo siento, pero no. Paso del siglo XXI.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Perfectos.


Él dice que el sexo no es lo importante. Ella hace los bizcochos perfectos.
Él friega los platos de la noche anterior. Ella es logopeda infantil.
Él dona a una ong todos los meses. Ella no tiene ni una arruga en la falda.
Él le toca el culo en la cocina. Ella se ríe hacia dentro con pasión.
Él baña a los niños. Ella saca las toallas recién planchadas.
Él es monitor de escalada. Ella habla de las maravillosas vacaciones en Camboya.
Él lleva el cuello almidonado. Ella es una madre dulce y comprensiva.
Él nunca se olvida de una fecha. Ella deja saltar a los niños en el sofá.
Él es muy feliz. Ella, trece años después, también.

Demasiado sospechoso.